CUIDANOS SIEMPRE

Ella vino
o yo me quise tropezar
con ella,
difícil saberlo.
Necesitaba un viento fuerte
que me empujara
a la locura premeditada de lo prohibido
y caí en ella,
caí en sus abismos
y salí herido cuando su cautela
me depositó en la rutina
de un alma que se había ido de gira.
Volví, pude sobrevivir
pero dejé una porción de mis sentidos en ella
en su mirada descalza y en su sonrisa chueca y nerviosa.
Cuidanos siempre, me dijo
y permanecí en la superficie
esquivando abismos que no son míos
ni ya nunca lo fueron.

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