El plan
no es nada sencillo, deberías saberlo. Una vez que pare la lluvia, tendrías que entrar con sigilo por esas dos ventanitas. Dentro deberías sortear la niebla y sus voces que suelen endulzar los oídos con la verdad, con la canción de la soledad sonando alto y a orillas del mar de los miedos. Allá atrás, hacia el fondo está la salida de esa trampa, una escalera desvencijada que desciende a un abismo, atravesando la oscuridad del caos, con una mano tomando tu mano que invita a cerrar los ojos para sentir con la piel. El viaje es largo, ya comprenderás, acaso no sé si vale la pena, pero al pie de esa escalera que no encuentra el fin, yace una cueva donde lo cálido es hogar. Golpes rítmicos, casi ancestrales, primitivos, ahí a tan solo unos pequeños pasos encontrarás los pocos secretos de quien revuelve estas palabras en el aire, y silba una vieja canción más triste que el mundo.
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