Si me ves

Si algún día me ves por la calle, me vas a reconocer fácil. Soy de los que siempre caminan con las manos en los bolsillos y silbando esa vieja canción donde duelen los pueblos y ya no hay consuelo. Me preocupa el mundo pero ya no lo quiero modificar, en cambio mi revolución va a pequeña escala tratando de transformar la realidad de la gente que me rodea. Presto el oído, la atención y el tiempo (que nunca me sobra) a quien lo necesite. La motivación y el estímulo son mis herramientas para arreglar todo este desastre. Estoy en contra de la violencia, mis armas para enfrentar la desidia de este sistema caníbal es hacer las cosas con el corazón, porque las siento, porque me nacen, sin pedir nada a cambio. Esquivo personas sin rostros con el mismo desdén con el que respiro. A veces toco una guitarra imaginaria y en ocasiones golpeo una batería invisible a los ojos de los que no saben soñar. No uso paraguas, más porque sé que lo voy a perder que por una convicción más firme. Prefiero la lluvia en la cara, en el pelo o en el alma, a eso de andar con un armatoste que no se banca el viento. Por andar mirando el cielo que sobra entre los edificios, cuelgo tanto que siempre se me hace tarde y debo correr entre la gente que se empecina en andar cada vez mas lento. En algunas oportunidades me siento en un banco de alguna plaza a entablar conversaciones con perfectos desconocidos. Deberías saber la cantidad infernal de locos que andamos sueltos por la vida. Me duermo en casi todos lados porque el sueño por la noche a veces se hace el difícil. Estoy rodeado de gente pero casi siempre busco la soledad, ese refugio a base de silencio y desencanto. No me banco la mentira y pago con lagrimas la resignación de no poder hacer nada por los que sufren en la calle. Soy cabrón y me vas a escuchar insultar, porque la bronca hay que sacarla a base de palabras o de acciones. Lloro al mirar una película sin esconderme, subo las escaleras mecánicas al trote y espero el bondi bajando el cordón de la vereda. Algún día el viento nos puede cruzar en una esquina. Tal vez un extraño se tropiece en tu mirada y te sonría amistosamente, ese puedo ser yo quien tal vez te está ofreciendo su mano. No te asustes, no te alarmes, por acá me quedo mirando el cielo, esperando que este tiempo escampe y que podamos encontrar un lugar donde por fin podamos vivir de igual a igual.

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