Subte nada más

Entre los pasillos del subte, venas de un monstruo que late bajo la avenida, hay música, melodía de una época perdida. Un bandoneón que sube y baja montado en una pierna para perfumar de exilio las paredes, pies que pasan autómatas en la urgencia sin nombre. El muchacho y el instrumento, un mundo de ensueños sueltos en el medio de un laberinto de furia. Un instrumento que es un misterio, acariciado por maestros e ilusionistas de un siglo que fue a esconderse en la nostalgia. Un instrumento que abre grietas, fisuras en el tiempo de malevos y cuchillas, donde todavía todo era joven, todo porvenir. El muchacho ejecuta, el mundo vuela en sus dedos para los que pasamos enajenados de la belleza y el suspiro. Pasamos, nos vamos, nuestros pasos dejan huellas invisibles mientras la musica lo impregna todo de melancolía a nuestras espaldas.

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